viernes, 29 de noviembre de 2013

Estado actual, y algunos pensamientos

Ayer no escribí y hoy tengo tanto, y al mismo tiempo tan poco, que escribir. Tanto porque he vivido horas muy ricas y provechosas de análisis, inspección y escucha estos días; y tan poco porque de alguna manera es una extensión de lo que he venido escribiendo. Pero he aquí algunos puntos que rescato para conversar.

Hoy, tuve un proceso muy cómodo y satisfactorio de escucha, del cual descifré algunos atributos más acerca de las melodías de la región. Grabé bastante para mi análisis auditivo, mas no servirá para mi sistema. Qué ricas construcciones he escuchado como turista en este universo sonoro de melodías variadas y a la vez contingentes. Me queda claro que los humanos somos extraordinarios compositores, que a partir de una serie de estructuras tonales hacemos construcciones infinitas y variadas sumamente complejas. Pienso que un compositor letrado y talentoso se tendría que esforzar para poder hacer las manipulaciones que hacemos cotidianamente de una melodía ante rítmicas tan variantes. Además, lo hacemos de una forma increíblemente inmediata. Improvisamos música en nuestra habla con un sistema complejo que poco comprendemos. Esto me recuerda a una crítica que se le hace a la postura en torno al lenguaje de Chomsky, y es algo más o menos así: no tenemos una abstracción de las reglas que constituyen las gramáticas, sino que las utilizamos a partir de nuestra interacción con el medio. Lo mismo pasa con la física, o sea, rápida y naturalmente aprendemos las interacciones y comportamientos posibles en nuestro entorno, mas no comprendemos cabalmente las reglas que subyacen estas interacciones. Quizás esto lo logramos hasta después de un gran esfuerzo y mucho estudio, igual que comprendiendo la gramática del idioma, mas -a diferencia del uso del habla- no somos todos que hemos abstraído la estructura gramatical del idioma o de las reglas de la física.

Es claro que somos sumamente sensibles a atributos del habla más allá de las palabras; entre la muchedumbre y los balbuceos, aun sin saber el contenido de lo mencionado, sabemos muchas cosas del emisor por algunos atributos acústicos. Sabemos de dónde proviene, si es masculino o femenino, pequeño, adulto o viejo; y, de pronto, incluso detalles acerca del estado de ánimo del emisor. Resulta impresionante lo efectivos que somos para hacer análisis espectral, manteniendo la resolución temporal tan extraordinaria que distingue al oído -¿será realmente el espectro de donde desciframos?-. El sistema de análisis que estoy desarrollando, en realidad es mucho más torpe que yo; para funcionar, se tiene que filtrar mucho material, y de por sí, venir de una fuente sin reverberación, y sin ruido. Nosotros podemos detectar contornos melódicos sin necesidad de una señal limpia.

Esta noche, durante una reunión con el resto de los residentes, pensé en un comportamiento análogo a mi proceso de escucha del habla, cuando estábamos reunidos alrededor de una mesa. Noté cierta comodidad y familiaridad en nuestros gestos, y en nuestra manera de hablarnos y referirnos entre nosotros. De alguna manera, la interacción era más natural; o quizás, sólo era más reconocible que en nuestra primera junta e introducción. Creo que algo así me está pasando con el acento, que aún es ajeno, pero es algo ajeno de lo que me voy apropiando como tal, como ajeno.

Por último, respecto a la idea muy fundamental del proyecto de escuchar la musicalidad del idioma dejando de lado el contenido semántico, el sistema de rastreo tonal en el que he estado trabajando funciona bastante bien, pues tras abstraer la frecuencia fundamental del habla, y no interrumpir o dar saltos mayores de frecuencia fundamental en las consonantes, he probado convertir estos datos en la entrada de frecuencia para un oscilador, y entonces escuchar únicamente el contenido melódico de las expresiones.

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